jueves, 6 de septiembre de 2012

Cómo alertar sobre la reforma constitucional:



 TE VAN A QUITAR LA CASA, PELOTUDO

ES LA QUE SE VIENE   

LA HISTORIA ES LA MISMA CAMBIA

 LOS PERSONAJES  Y LOS TITULOS 

COMO TE VAN ABROCHAR

Esto que están tramando no es nuevo. La ultraizquierda lo intentó en 1990 en la provincia de Buenos Aires y lo intentará siempre, porque su objetivo, su gran sueño dorado es terminar con la Constitución histórica que es el límite jurídico a sus locuras revolucionarias. Ahora el pretexto es la re-reelección presidencial, pero en esta oportunidad, como nunca antes, tienen a su favor un contexto ideológico único y un gobierno sin escrúpulos capaz de hacer cualquier cosa por mantenerse en el poder.

EL PRINCIPAL CAGADOR DE LOS ARGENTINOS


En 1990 Cafiero era gobernador de la provincia de Buenos Aires y no tenía reelección. Entonces convocó a un plebiscito para que la ciudadanía decidiera por SÍ o por NO sobre un proyecto de reforma constitucional que contenía, además de la reelección, nada menos que noventa y ocho enmiendas.


Ahí Estaba la Trampa. 



El proyecto contenía reformas que ponían los pelos de punta. Por ejemplo: un artículo determinaba que la provincia de Buenos Aires era un “Estado Autónomo”, y otro ordenaba que “Todo habitante está obligado a organizarse en defensa del orden institucional de la provincia”

Pero curiosamente en el proyecto se conservaban verdaderas antiguallas, como la que decía que el Gobernador es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Provinciales, y quedaba facultado para Movilizar Milicias y nombrar oficiales hasta el grado de teniente coronel. 

Si uno mezclaba lo nuevo con lo obsoleto que inexplicablemente se conservaba, obtenía un explosivo cóctel con sabor a separación, nacionalismo regional, milicias populares y hasta el sueño en alguna cabecita loca de una guerra de secesión contra la República Argentina.

Pero lo más grave era que muchas enmiendas se habían tomado de la Constitución cubana de 1976. Una establecía que el trabajo es un derecho, pero al mismo tiempo un deber social. Se sabe que en Cuba (por lo menos en ese tiempo, ignoro la situación actual) quien no aceptaba el trabajo que le asignaba el Estado (por ejemplo, un arquitecto disidente que era enviado a destapar las cloacas), se lo calificaba de “vago social” y se lo mandaba a la cárcel para su reeducación. Y aunque cueste creerlo, a esta indignidad el peronista Cafiero la llamaba “el moderno constitucionales social de los países más avanzados del mundo”.

El nuevo proyecto establecía que “la propiedad privada es inviolable dentro del marco de su función social”, lo cual implicaba claramente que fuera de ese marco, la propiedad era pasible de confiscación.

Recuerdo que en ese tiempo yo escribía mucho y hablaba con todo el mundo con la intención de inducir el voto negativo, pero observaba que la gente común se aburría y comenzaba a bostezar. No entendían el asunto, y en el fondo les importaba un rábano. Hasta que un día, conversando con un amigo adormilado que ante mis advertencias abstractas hacía esfuerzos por cambiar de tema, le grite: “¡Te van a quitar la casa, Pelotudo!

Dio un respingo, se le pasó la modorra, abrió grande los ojos y hasta se puso pálido. “¡Eh, che…! ¿Es para tanto?”, preguntó repentinamente preocupado.

Yo había logrado que se interesara por la gravedad del intento de reforma constitucional. Le expliqué que eso ya se vivió en los países comunistas: una vivienda desocupada o de veraneo era confiscada y entregada a una familia sin techo; un terreno baldío ofendía la justa causa de la igualdad social y era entregado a quien lo necesitara; una casa grande, con muchas habitaciones, debía ser compartida con otras familias sin hogar, donde la comuna designaba un comisario político que decidía cómo se distribuían las comodidades y los horarios para el uso de la cocina, los baños, etc. Basta leer la novela Doctor Zhivago de Boris Pasternak (o ver la película, con Omar Sharif y Geraldine Chaplin) para estremecerse con la descripción de esas prácticas iniciales de la revolución soviética



La gente, en términos generales, no asimila conceptos abstractos, no se interesa por la política ni entiende los galimatías legales y filosóficos, tienen la cabeza en otras preocupaciones menores. Pero si les tocan el bolsillo o les amenazan el terrenito o la casita que pudieron escriturar con esfuerzo, ahí sí muestran los dientes como perro al que le quieren quitar el hueso.

La estratagema de alertar a los pequeños propietarios se difundió espontánea y exitosamente por toda la provincia. El 5 de agosto de 1990 la gente le dijo NO a la reforma de Cafiero. Fue un rechazo abrumador. Muchas cosas sumaron para lograr esa decisión popular histórica, pero lo que se había metido en la cabeza de la gente era una fijación extremadamente sencilla: “Nos quieren quitar la casa”.

Pues bien, los ideólogos que redactaron las frustradas enmiendas de Cafiero son los mismos que ahora nos quieren cambiar la Constitución Nacional.

Sus propósitos ideológicos revolucionarios son muy claros: van por la Declaración de Derechos y Garantías, la parte dogmática de nuestra Constitución histórica, la que le debemos al genio de lberdi. Ya te metieron la mano al volcillo y van por lo poco que tienes - Sigamos con las Pelotudeces y quedaras en pelota -  te la aclaramos - con tus descuentos Jubilatorios y Impuesto mantienen a Vagos y Ratas - Pelotudo  no tenca caca en la Mente penza como te van abrochar.




Quieren, entre muchas otras cosas, transformar el derecho de propiedad en un derecho relativo, sujeto a una ambigua función social y pasible de expropiación siempre en nombre del pueblo y de la justa distribución de la riqueza (ajena). Como el Amigo ha hecho en su país. Ha apropiado todo lo que ha podido - sin pagar un solo mango y aquel que se sacrifico toda su vida - se lo quitaron y esto no ser lengudo - sabemos bien - en la época de Juan Domingo Peron una de las Expropiaciones como tanta fue la Fabrica del Jabón Federal




Ya lograron, sin necesidad de reformar nada, intervenir y confiscar empresas privadas, cerrar el mercado de cambio, limitar gravemente la libertad de prensa y de expresión de los ciudadanos y prohibirnos en la práctica comprar y vender inmuebles en dólares. Y ni siquiera podríamos irnos del país, porque hoy nadie es dueño de llevarse su patrimonio al exterior. Estamos Presos como Venezuela. Llenos de Fanatismo Marginados porque la sociedad lo Preparo y lleno de Capitalista - porque a ellos no le van a quitar un solo peso.


El peligro es esta vez mucho más grave que en la provincia de Buenos Aires de 1990, pero hoy igual que entonces, observo que la gente no se interesa por nada, está distraída con otros asuntos, con el torneo Evita Capitana, con el bailando de Tinelli, a ver si puedo cambiar el auto, las próximas vacaciones, etc. Igual que antes, veo que mis interlocutores no pueden mantener la atención cuando les hablo del peligro que amenaza a nuestras libertades ciudadanas.


El mismo aburrimiento, la misma somnolencia, idéntica despreocupación por las cuestiones para ellos abstractas e incomprensibles. Otra vez entonces tenemos que meterles en la cabeza el concepto sencillo y demoledor, el único que entienden. Empecemos desde ahora, evitemos los laberintos filosóficos y las abstracciones soporíferas. Digamos solamente lo que el pequeño propietario puede asimilar y grabar indeleblemente en su cabeza: “¡Te van a quitar la casa, pelotudo!”
Enrique Arenz





alvador Guerriero on agosto 29, 2012 at 8:03 am

Sigamos empujando y todo lo que hagamos por concientizar aunque más no sea a nuestro amigo o nuestro vecino, no quedarnos solo en la charla cómplice de quien piensa como nosotros sino hablarles a los otros especialmente si son jóvenes, sirve para levantar la temperatura y como en una olla comienzan las burbujitas a diseminarse hasta que empieza el hervor. Me estoy copiando de lenin (la minúscula es adrede) de un párrafo que copio abajo. Pensando como dicen los abogados, contrario sensu, o sea empujar para que lo que decía Lenin, se cumpla pero en sentido inverso.
Hay Argentinos que valen la pena y que están agazapados y que en cuanto vean que cambia el viento, el viento somos nosotros, aparecerán sin miedo. De lo contrario… se cumple lo de Lenin.
Aquí les va el fragmento de Cosme B. Varela, al cual adhiero.
“Son pocos los que saben que la revolución comunista de Octubre de 1917, la que puso a Lenin, a Trotsky y a los bolcheviques en el poder, se produjo de la noche a la mañana, sin disparar ni un tiro. El fenómeno está descripto con horrenda satisfacción por Trotsky en sus “Memorias”. Después empezó la matanza, a la que los comunistas siempre recurren con fría crueldad cuando les parece.

Y también son pocos los que saben que Lenin sostiene en sus libros y discursos que la etapa de preparación de una revolución comunista se asemeja al fenómeno de la evaporación del agua. Llega un momento en que el agua, calentada a una cierta temperatura, se evapora. A eso le llama Lenin, “el salto cualitativo”.
Con las sociedades “capitalistas” pasa lo mismo -dice Lenin. Llega un punto en el que la suma de los diversos fenómenos y conflictos “históricos” (provocados por los agentes de la revolución, desde el llano o desde el poder) alcanzan una “temperatura” política tal que se produce el “salto cualitativo” hacia el comunismo.
¿A cuanta distancia estamos de ese punto? Creo que no muy lejos.
Un fenómeno paralelo al de la acumulación de factores pre-comunistas es el de la creciente apatía y “resignación ante lo inevitable” de la gente honesta, especialmente de las “clases cultas”, al tiempo que niegan, contradictoriamente, que eso pueda ocurrir. Este fenómeno existe plenamente en la argentina.

Sería bueno que quienes todavía tienen amor a la Patria se despierten y empiecen a buscar cómo defenderse de este peligro gravísimo, el más grave de nuestra historia. Y si no saben cómo hacerlo, que tengan la humildad de preguntarle a los que pueden saberlo y se dispongan a actuar en consecuencia, aunque eso implique sacrificios y riesgos.”





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